martes, 19 de octubre de 2010
DESFILE DESDE “EL CABALLITO”
Las hermanas Corral Hernández aprovecharon el banco de su abuela para subir en él y apreciar el desfile del Bicentenario sin que los otros asistentes les obstruyeran la visibilidad. Sube una y más o menos a los diez minutos se relevan.
Al tener tan cerca a un mariachi que interpreta el Son de la Negra se contagian del “viva México” que gritan muchos al oír a los músicos. Es probablemente el momento más efusivo de la noche en esa zona del recorrido.
Las hermanas Carolina y Leticia, de 15 y 16 años, respectivamente, asistieron junto con sus padres, tía y abuela. Todos viven en Culiacán, Sinaloa, excepto la tía, quien será la anfitriona de la noche mexicana familiar. A las 5 de la tarde se ubicaron en la cuarta fila de personas que presenciaban la caravana a la altura de la Torre del Caballito.
Esperaron casi dos horas. El desfile inició a las seis de la tarde en la Puerta de los Leones del Bosque de Chapultepec y a las 6:55 llegaba al sitio donde también se halla el edificio de la Lotería Nacional.
El comienzo lo marcó un mar de nopales tricolores que arrastraba un enorme barco de papel con niños y jóvenes a bordo disfrazados de Miguel Hidalgo.
Es el segmento de la Independencia y quedaban ocho más: “Insurgencia-Revolución”, “Prehispánico”, “Colonia y Barroco”, “Héroes y mitos”, “La gran nación mexicana”, “Cultura popular” (son, mambo, cha cha chá, bolero, danzón y cumbia), “Suave patria” y “Celebración de muertos”.
Luego avanza el Coloso en pedazos: brazos, piernas, tronco y cabeza son remolcados en carros diferentes y son escoltados por marionetas de revolucionarios de 2.5 metros de altura controladas por personas. Más tarde, a las 10:22 pm, ese titán de dudosa personalidad que mide 20 metros, estaría de pie en el Zócalo.
El cielo se nubla, son las siete y media y la noche comienza. Con ello el desfile destaca sus luces multicolores.
Pero antes de que el ambiente se torne completamente oscuro, Kukulcán, la representación maya de Quetzalcoatl ahora convertida en un globo gigante, maravilla a los asistentes que levantan las cámaras para fotografiarlo. Su combinación de blanco y dorado lo hace ver luminoso sin necesidad de energía eléctrica.
Los carros de la “Colonia y el Barroco” se escapan por avenida Juárez, pero una multitud de los personajes de este segmento se desvía por Reforma Norte. Reviven el ánimo de los espectadores de la Torre del Caballito. Pasan las chinas poblanas y los charros, las escaramuzas y el mariachi que adelantó el “viva México” de la noche de independencia.
Era un lugar malo para admirar el desfile más grande de la historia del país, compuesto por 7 mil voluntarios y 27 carros alegóricos. En esa glorieta confluyen tres avenidas y el lugar de los Corral Hernández, sobre Reforma Norte, quedaba a unos de 15 metros de distancia de la procesión, la cual continuaba por Juárez rumbo al Zócalo.
Malo también porque ahí terminaba el desfile y los participantes llegaban con el entusiasmo disminuido; pero bueno porque algunos carros e integrantes del acto desembocaban en Reforma Norte y podían apreciarse muy de cerca, como en el caso del Mariachi, o los vendedores de camotes con sus carritos. Ellos se llevaron la noche.
Los visitantes de Sinaloa se retiran a las 8 de la noche aproximadamente. Ya vieron los luminosos carros de danzón, cumbia y mambo. Se emocionaron con el torito de fuegos artificiales y los alebrijes.
Tanto Rogelio Corral Hernández como Leticia Hernández Soto, padres de Carolina y Leticia, destacaron el interés de los participantes: “Me gustó (el desfile) porque vienen incluidos todos los estados y eso integra a la gente de provincia”, comenta la señora Leticia.
Y es que en el desfile se apreciaron trajes típicos y danzas del interior del país.
El lugar que deja esta familia es retomado por otra que apenas llega. Se trata de Antonio Meza Bracamontes, su hijo Alán de 5 años y su esposa, procedentes de Iztapalapa. Acostumbran ir al Grito de independencia en el Primer cuadro de la Ciudad, quieren ir allá al término del desfile, pero no saben que ya no hay acceso.
El desfile termina con el segmento de Día de Muertos. Incluye marionetas de calacas que acercan sus manos al público para saludarlo. Pero el final de este acto sólo es el preámbulo de la noche del Bicentenario, que para algunos como Antonio no significa mucho pues “todo sigue igual”.
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